¿Tradición o pretexto?

Nuestras tradiciones han sido mutiladas, fusionadas o hasta extinguidas, pero el Día de muertos ha sobrevivido a cada una de las anteriores: aquel intento por el cristianismo de erradicarlo y su resignada fusión con la cultura española (¿Quién no ha comido pan de muerto?) son vivos ejemplos de lo que una tradición significa (significaba) para la idiosincracia novohispana. También sirvió como sátira de la afrancesada burguesía porfirista (¿Quién no recuerda a “la catrina”?) y nos dio nueva visión de la muerte, el triunfo del mexicano sobre ésta. Sin embargo, debería avergonzarnos la vulgar amalgama que se produjo en el México contemporáneo con la cultura pop americana; ahora el dilema del disfraz hooliwodense sobre el papel picado, el pedir dulces sobre la ofrenda, y la confusión si llamarlo Halloween o Jalogüín son lo más simbólico de estas fiestas que, cabe mencionar, para muchos ya son sólo días de asueto.

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